La policínica San Antonio reabre sus puertas como residencia de la tercera edad

Bilbao recuperará el próximo día 14 uno de
los edificios clásicos de su Ensanche; el de la policlínica San Antonio, que
tras diez años de inactividad y 13 meses de obras, reabre sus puertas
convertido en una innovadora residencia para la tercera edad. El centro,
situado en el número 19 de la calle Pérez Galdós, dispone de 54 habitaciones
y acogerá a un máximo de 86 residentes, que gozarán en él de una confortable
estancia que aunará el ambiente familiar con la mejor asistencia médica
profesional y las más novedosas terapias y medidas de seguridad.

Con 15 años de experiencia en el sector y dos residencias emblemáticas en
Galdakao, la empresa familiar propietaria de San Antonio ha querido cuidar
hasta el más mínimo detalle siguiendo su filosofía vocacional en el sector
de la Tercera Edad. Por ello, no sólo se ha ocupado íntegramente del
proyecto (desde la rehabilitación hasta su gestión una vez en
funcionamiento), sino que además ha puesto al frente de la residencia
bilbaína a Juan José López, un humanista, formado en Bioética y miembro del
Comité de Ética Asistencial del Hospital de Basurto. El director del centro
suma además una amplia experiencia de 13 años en este mismo puesto al cargo
de otros centros residenciales de la Tercera Edad.

La rehabilitación del inmueble ha sido encargada a los arquitectos, Gonzalo
Ispizua e Iñigo Ituarte, que han proyectado una residencia que huye de las
convenciones para transformar el espacio en un innovador hogar que no sólo
cuenta con todas las comodidades y atenciones que los residentes puedan
necesitar, sino que también está pensado para disfrutar de un entorno
relajante en el centro de Bilbao. En él cobran especial protagonismo los
espacios comunes, que deslumbran gracias a elementos como el ascensor
panorámico o el jardín vertical que reviste las paredes del patio interior
del inmueble y es visible desde habitaciones y pasillos, y, sobre todo, la
terraza ajardinada que convierte los 250 metros del patio de la manzana en
un lugar de esparcimiento disfrutable tanto en verano como en invierno ya
que está climatizado y cuenta con una cubierta retráctil.

Además, el centro incorpora novedades en el control y seguridad de los
residentes, que entran y salen con su huella digital registrada en el
control de acceso. Los pacientes con trastornos cognitivos portarán además
una pulsera que enviará una señal de alerta al personal de la residencia si
el usuario intenta abandonar el edificio.

Para ofrecer un servicio cercano a las necesidades de todo el colectivo y
sus familias, además de ser una residencia permanente, San Antonio también
funcionará como residencia temporal y centro de rehabilitación. Parte de las
plazas están destinadas a personas mayores convalecientes de alguna
enfermedad o accidente para que dispongan de todos los medios y atenciones
necesarios para su recuperación, pero una que vez concluido ese período
regresarán a sus hogares.

La innovadora sala multisensorial

Entre las novedosas equipaciones con que está dotada la residencia destaca
la Sala Multisensorial, una habitación en la que todas las paredes y los
suelos se ponen al servicio de las terapias cognitivas gracias a los cambios
de iluminación, la proyección de imágenes virtuales o la utilización de
elementos interactivos así como de sonidos u olores.  Es un espacio
destinado a ofrecer a las personas con diferentes discapacidades
intelectuales (Alzheimer, demencias, etc.) actividades y experiencias
sensoriales en un ambiente rico en estimulación.

Se trata de una sala completamente blanca que sitúa al usuario en un
ambiente de relajación o de mayor recepción ante estímulos necesarios para
su tratamiento y permite reducir los tratamientos farmacológicos. En ella,
por ejemplo, el residente podrá escuchar música para identificar qué
instrumentos la interpretan o pisar las teclas de un teclado virtual que se
proyectará sobre el suelo. Además, la habitación está equipada con una cama
de agua y asientos que vibran en función de los estímulos que deban recibir
los usuarios.

La sala, desarrollada por la empresa vasca Neurobai, es el lugar idóneo
donde ofrecer a los usuarios las ventajas del método Snoezelen, o sistema de
estimulación sensorial de baja frecuencia. Se trata de una terapia nacida en
Holanda en los años setenta (etimológicamente la palabra Snoozelen está
compuesta por Œsnuffelen¹ que significa olfatear y ŒDoezelen¹ que es
somnolencia) para tratar a personas que sufren problemas para relacionarse
con el entorno, como los niños autistas. En la actualidad se emplea para
pacientes con otros trastornos ya que sirve para reforzar todas las áreas
cerebrales como la memoria, el lenguaje, la comprensión, el razonamiento, la
atención, la concentraciónŠ

La estimulación es controlada, dirigida y planificada por un médico y un
equipo de terapeutas, psicólogos, enfermeros, fisioterapeutas y donde se
puede trabajar necesidades educativas y/o terapéuticas de los usuarios, la
motivación, los intereses, la relajación o gestionar el ocio, teniendo en
cuenta que todas estas necesidades variarán en función de los aspectos
físicos, psicológicos y sociales de cada persona.

Instalaciones y Servicios

La residencia San Antonio cuenta con seis plantas en las que, además de las
54 habitaciones (32 dobles o 22 individuales), hay espacios comunes de
diferentes usos y otros destinados a la atención médica. Cada planta ha sido
bautizada con el nombre de una plaza de Bilbao: Indautxu, Circular, Moyua,
Arriquibar, Jado y Nueva. En la planta baja, está la recepción, el gran
salón (donde se podrán realizar realizar proyecciones), la Sala
Multisensorial, los despachos médicos y de enfermería, la sala de
fisiorerapia (donde se podrán realizar sesiones individuales o conjuntas),
la peluquería y la administración. En el sótano, quedan además de los
espacios para uso del personal y almacenaje, la cocina y la lavandería.

Las 54 habitaciones, que ocupan las plantas de primera a sexta, incorporan
las últimas innovaciones técnicas para mejorar las condiciones de vida de
los usuarios. De hecho, todas ellas cuentan con novedosas camas articuladas
que no sólo pueden adoptar hasta cinco posturas distintas en función de las
necesidades de cada residente, sino que incluso pueden colocarse a ras de
suelo. En esta posición, el contorno del somier se ilumina para evitar que,
de noche, el usuario pueda desorientarse o tropezar con ella. Junto a cada
cama, el residente cuenta con intercomunicador manos libres que además de
avisar al personal de cualquier necesidad o incidencia le servirá, por
ejemplo, para solicitar que desde recepción le realicen llamadas que podrá
atender desde el mimo intercomunicador.

Además, otro de los equipamientos estrella de la residencia es la grúa
asistencial de una de las habitaciones dobles, que mediante un sistema de
railes instalado en el techo, permite trasladar a personas sin movilidad y
con sobrepeso hasta el baño. Con un solo movimento el residente es
directamente conducido desde la cama hasta la  ducha.

Las habitaciones serán distribuidas en función de las necesidades de cada
usuario. Así por ejemplo, las plantas quinta y sexta acogerán a quienes
parezcan trastornos cognitivos, dado que su mayor luminosidad es un elemento
fundamental para su bienestar. En cada una de ellas, dispondrán de una
terraza, con lo que pese a su limitada movilidad también podrán disfrutar
del espacio exterior.

Otro aspecto fundamental es el de la asistencia médica. En el centro, los
residentes dispondrán a su servicio de un completo equipo médico compuesto
por gerocultores, enfermeros, psicólogos, fisioterapeutas y especialistas en
terapias reacreativas y cognitivas. Este equipo multidisciplinar está
especializado en las patologías traumatológicas, accidentes cerebro
vasculares, el tratamiento de ulceras, riesgos de malnutrición, trastornos
neuropsiquiátricos y cuidados paliativos. Además de gabinetes médicos, el
centro dispondrá de una farmacia, una sala de fisioterapia (donde se podrán
realizar sesiones individualizadas u organizar clases de gimnasia para
grupos), además de la ya citada Sala Multisensorial.

En el momento del ingreso, cada residente se someterá además a una serie de
pruebas para comprobar su estado de salud y determinar las atenciones
personalizadas que necesitará. Estas pruebas incluyen una analítica completa
y una primera valoración psicológica con test cognitivos y sociales que
servirán para determinar si el usuario requiere de alguna terapia.

Ambiente familiar y espacios abiertos

El centro San Antonio quiere ser un auténtico hogar para cada uno de
residentes, por  lo que se ha cuidado el ambiente familiar. Así, pese a que
la ocupación total podrá ser de hasta 86 usuarios, los residentes gozarán de
la sensación de vivir en pequeñas unidades convivenciales en cada una de las
plantas. En ellas, únicamente habrá un máximo de 14 ó 16 personas que
gozarán de su propio salón-comedor con librería y televisión.

Cada uno de estos espacios tendrá sólo cuatro mesas, lo que proporciona un
ambiente familiar y más tranquilo al entorno durante las comidas, lo que
también facilitará a los auxiliares prestar una atención personalizada a
cada uno de los residentes de su planta. La comida que llegará a través del
montaplatos directamente hasta cada comedor desde la cocina situada en el
sótano. En esta cocina se elaborarán a diario todos los menús servidos en la
residencia; con dos opciones de primero, segundo y postre tanto en la comida
como en la cena y atendiendo siempre a las indicaciones médicas sobre la
dieta de cada residente.

Por otra parte, la nueva residencia ha prestado especial atención a los
espacios dedicados al esparcimiento, algo fundamental para incentivar la
movilidad de los residentes. De hecho, conscientes de que muchos de ellos no
pueden salir al exterior, el centro ha introducido un poquito de naturaleza
dentro su propio recinto. La primera planta de inmueble (en el patio de la
manzana) cuenta con una terraza ajardinada de 250 metros cuadrados, que
permitirá, sobre todo a los residentes que no puedan salir, disfrutar de
aire fresco. La terraza cuenta con una cubierta retráctil, lo que permite su
uso tanto en verano como en invierno, con calefacción e hilo musical.

Para evitar la sensación de espacio cerrado, incluso el patio interior del
inmueble ha sido revestido con un impresionante jardín vertical que se puede
contemplar desde algunas de las habitaciones y pasillos y da una gran
calidez al entorno.

La rehabilitación del inmueble

La rehabilitación del inmueble, que cuenta con la autorización de la
Comisión de Patrimonio de Bilbao, ha respetado elementos del diseño original
elaborado por Emiliano Amann en los años sesenta. Entre los elementos
conservados destacan la fachada, protegida por el Plan General de Ordenación
Urbana de Bilbao, que luce como nueva la clásica combinación de piedra
arenisca y ladrillo caravista del Ensanche bilbaíno. Del mismo modo, y
aunque no están incluidas en la Ordenación, también se han conservado la
impresionante entrada y el vestíbulo revestidos de mármol.

En cuanto a la edificación, la residencia conserva la estructura metálica
que se incorporó al diseño original posteriormente y que lo dotó de una
sexta planta, con lo que el centro cuenta finalmente con 3.700 metros
cuadrados. Esta amplitud, además de facilitar la asignación de planta a los
residentes según sus necesidades reservando las más luminosas para quienes
parecen trastornos cognitivos, ha permitido la creación de espacios amplios
y diáfanos en todos los pisos. Así, por ejemplo, hay un salón-comedor con
librería y televisión de cada una de las plantas que consigue que los
usuarios disfruten de espacios comunes más tranquilos que los disponibles en
la planta baja.

Además, la rehabilitación se ha realizado teniendo en cuenta los más
estrictos controles medioambientales, por lo que el edificio cuenta con el
certificado de eficiencia energética LEED de plata (Leadership in Energy &
Environmental Design). Esta acreditación de origen estadounidense únicamente
se otorga a los edificios que garantizan su sostenibilidad tanto en su
construcción o rehabilitación como en su posterior uso. Entre los
indicadores que se tienen en cuenta están desde la selección de materiales,
las medidas para lograr la eficiencia en el consumo de energía y agua hasta
la calidad del ambiente interior (luminosidad, ventilación, aislamiento
térmico y acústicoŠ).